Notas para una cuarentena

7
Abr

Hoy es el día 26 (creo). Me ha llevado casi un mes sentarme y tener ganas de escribir sobre ello. Me he propuesto varias cosas en este encierro: hacer un dibujo por día, leer un poco cada día, ver una película al día (de esas que siempre digo que quiero ver y nunca tengo tiempo), aprender recetas nuevas, etc. Mil cosas.

Vi en facebook un proyecto que me gustó: se trata de hacer un dibujo cada día de un objeto que empiece por una letra del abecedario. El primer día la A, el segundo la B y así sucesivamente. El día 9 llegué a la I de interruptor. Mi último dibujo/pintura de ese «diario de una cuarentena» fue un Interruptor. ¿Qué me aporta dibujar un interruptor? Nada en absoluto. ¿Por qué lo hago entonces? Para aprovechar el tiempo, claro. Que no se diga!

Tienen los ingleses una expresión muy gráfica (siempre han sido una civilización muy pragmática, nada quijotesca como la nuestra) para pasar el tiempo: killing time. Matar el tiempo. Matar eso que, curiosamente, nos acerca a la muerte, matar y llenar nuestro día de cosas luchando así contra una corriente que nos arrastra sin cesar hacia el pasado.

Lo desconcertante del confinamiento es que representa una contradicción en sí mismo: la quietud de estar en casa y un mundo que no debe pararse. Gente encerrada en sus casas con miedo a salir y un sistema capitalista basado en la producción y la especulación que no ha de caer. Supongo que por eso nos invitan en las redes sociales a hacer mil cosas: cocinar, hacer ejercicio, leer, escribir, encontrar nuestra pasión secreta, hacer ese curso online que siempre quisiste hacer… y por supuesto, teletrabajo. No vaya a ser que cuando nos digan que podemos volver a la vida, sencillamente no queramos! Hay que estar ocupado.

Confieso que me he pasado la mayor parte de estos 26 días frustrada y cabreada. Frustrada por no haber hecho mil cosas: ni he escrito el Quijote, ni he leído el Ulises de Joyce, ni he pintado un gran cuadro que me haya hecho pensar que todo esto ha valido la pena. Lo más productivo que he hecho, aparte del teletrabajo, es perfeccionar mi masa de empanada… No sé qué pensaría la Casa Rothschild de mi escasa «rentabilidad a largo plazo» como individuo. Y sí, también he estado cabreada. He sentido que mi vida me estaba siendo robada, que esta primavera ya no va a volver y que todo esto es terriblemente injusto, porque yo tenía planes! El 26 fue mi cumpleaños y sí, hemos pospuesto la celebración, sí he tenido llamadas, y sí he tenido felicitaciones por facebook y demás. Pero la ausencia ha sido terrible, el deseo de haber visto, de haber sido, de haber tocado lo ha llenado todo. He cumplido 45 con una gran frustración.

Cada día nos tranquilizan los políticos con mensajes alentadores, con esperanza de futuro. Un futuro incierto, en el que nada volverá a ser como antes. Son como ese ex- que te la lía y luego pretende volver como si nada. ¿Volver cómo, cuándo? ¿Puedo fiarme de ti? ¿Mascarilla sí o no? No les culpo, nadie nos dijo que la vida iba a ser esto, y a ellos tampoco.

Algo que sí he hecho estos días son una serie de anotaciones para mi vida posterior:

  • la importancia de tener una terraza o jardín
  • la importancia de tener un perro
  • la importancia de hacer ejercicio
  • la importancia de estar bien de salud

Y para todo lo demás, Mastercard.

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