Manual de la perfecta violada

23
Jul

Hace un par de días leí en el periódico otro titular de esos que te dejan k.o. nada más leerlos. Sé que la función de un titular es que leas la noticia, pero estoy tan acostumbrada a que sean un golpe de efecto que luego no tiene nada que ver con el cuerpo del texto que reconozco que leo el periódico con escepticismo e incredulidad, un poco en plan “a ver qué me cuentan estos hoy”.

Pues esta noticia, decía, era sobre una sentencia del mismo tribunal que el de “La manada”, y de nuevo, un fallo particularmente bajo en años de condena. Si bien la sentencia de “La manada” provocó polémica porque uno de los jueces (que casualmente es del Opus) entendía que había sido sexo consentido, en ésta los tres integrantes del tribunal estaban de acuerdo y entendían que no había sido sexo consentido pero tampoco violación. No hubo violencia, ya que la víctima iba tan borracha que “no pudo defenderse” y el acusado no tuvo que utilizar la violencia ni la intimidación. Ahí queda eso. En este tipo de sentencias siempre aparece recogido si la mujer había bebido o no. Del acusado nunca se dice nada, si acaso, para que haga de atenuante. Beber, ya se sabe, es cosa de hombres. Y cuando nos negamos a morir o a ser una víctima silenciosa debemos prepararnos para ser tratadas con condescendencia o a escuchar que nos merecíamos lo que nos pasó. Esto solo pasa (que yo sepa) en los crímenes sexuales. Nadie juzga a los judíos responsables o merecedores del Holocausto, o a los negros merecedores del esclavismo o culpables de haber protestado poco. Pero es habitual escuchar que las mujeres víctimas del maltrato por parte de su pareja “tienen la culpa” por no marcharse, o que las mujeres que van solas por la calle de madrugada y ebrias “se lo han buscado, cómo se les ocurre”. Por dios, caminar por la calle. Faltaría más. La calle y la noche son cosa de hombres, ya se sabe.

Está claro que, dolor, no sintió usted

Según el tribunal de “La manada” la víctima era una joven “animada, atrevida y espontánea” a la que “le suele agradar iniciar contactos interpersonales”. Vamos, que va buscando guerra y luego pasa lo que pasa. Además, la defensa le puso un detective para examinar su comportamiento, porque si tienes la mala suerte de que tengan sexo contigo “en un ambiente de jolgorio y regocijo” no te puedes olvidar de ser una víctima digna. Esto es, quedarte encerrada en casa, que la vida se termine para ti (la sexual sobre todo), que nunca más vuelvas a sonreír o sueñes con ser feliz. Porque si lo haces, es que no has sufrido lo suficiente, no estás lo suficientemente traumatizada y por tanto, no ha sido violación.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies