La librería

23
Mar

Cartel de "La librería", película de Isabel Coixet

Cartel de “La librería”, película de Isabel Coixet

El pasado miércoles 21 de marzo fue el día internacional de la poesía. No me quedó muy claro por qué ese día, por qué la poesía y por qué nos pasamos el día celebrando cosas, pero alguna explicación tendrá. Todas las redes sociales se inundaron de alusiones conmemorativas, todos amanecimos con un ¡Feliz día de la poesía!, pero poemas en verdad hubo pocos. Debe ser que Facebook es muy bueno para recordarnos fechas (cumpleaños, “compartiste esto hace un año”, etc.), pero no tanto para leer.

Esto me recuerda una especie de polémica vivida a propósito de Neruda por una noticia sobre cómo abandonó a su hija que tenía una minusvalía. Como a mí su poesía siempre me ha gustado mucho, esa noticia en concreto y otros detalles escabrosos de su vida personal ya los conocía así que lo viví un poco desde las gradas, sin el efecto sorpresa. Cuando un escritor, pintor o artista en general me gusta suelo acercarme a su biografía (me encantan las biografías, te dan ínfulas de culta y satisfacen la Ana Rosa que llevo dentro), pero he de confesar que es un viaje sin retorno: empiezas a ver el mundo de otro modo y que lo que le pasó a Neruda en mi imaginario, ya le había pasado antes a Picasso y a Rodin. Entonces siempre hay alguien que me dice: “Que lo que hayan hecho no te impida disfrutar de su obra”. Y yo pregunto: ¿Se puede separar la obra de la vida? (¿Alguien se imagina “Cumbres borrascosas” si Emily Brontë no viviese en Haworth? ¿Cómo serían los poemas de Emily Dickinson si no hubiese estado toda su vida recluida en casa?) ¿Hemos de hacer placas conmemorativas a artistas que eran violadores, déspotas, psicópatas? Ahí lo dejo para reflexionar.

Para celebrar el día de la poesía, como no me apetecía poner chorradas en el Facebook y como   #booklover que soy (perdón por el hashtag en inglés pero no lo encontré en español), me fuí a ver “La librería”. Hacía siglos que no me encerraba en esa especie de caverna llamada cine (un poco por los precios que tienen y otro poco por esto del pirateo que nos ha cambiado la vida a todos). Me gustó mucho pero dejadme advertiros: no tiene tiros ni persecuciones, y tanto la temática como la ambientación hacen que vaya dirigida a un público muy concreto, no al gran público. Patricia Clarkson, como siempre, ilumina la pantalla y haciendo de mala malísima se come cada escena en la que sale.  Recuerdo que Coixet me emocionó muchísimo hace años en “Mi vida sin mí” y luego le perdí un poco la pista (culpa mía porque ella siguió haciendo películas). Y esta librería suya me hizo recordar cómo era la vida antes de Internet.

Retrato de Forugh Farrojzad

Retrato de Forugh Farrojzad

Internet ha tenido sus cosas buenas, todo es muchísimo más accesible, rápido, y también despiadado: cualquier rumor corre como la pólvora y tanto puedes ser premio Nobel un día como violador asesino al siguiente. También es terriblemente práctico: mi último cargamento de libros lo compré por Internet en La casa del libro. Como os decía, esta película me recordó cómo era mi vida antes, en concreto, mis paseos por las librerías y cómo olía los libros antes de comprarlos. En la librería Colón antigua, en Coruña, solía comprar mis libros de poesía, (sin demasiada erudición por mi parte, todo hay que decirlo).

Siempre he sido bastante intuitiva a la hora de comprar, miro el título del libro, un par de poemas, y si me atrapa, bien, sino lo dejo sin contemplaciones. Así descubrí a Wislawa Szymborska (muchos años antes de que ganara el Nobel) a Ingeborg Bachmann y a Tadeusz Rózewicz (hay mucho austriaco y polaco por lo que veo en mi biblioteca y son países en los que no he estado nunca). Otros poetas más “famosos” como Sylvia Plath no han conseguido emocionarme con este infalible método así que nunca he comprado nada de ella. Peeero no todo es apocalíptico en Internet: surfeando y buscando otra cosa encontré la poesía de la iraní Forugh Farrojzad, de quien me despido con un poema suyo:

“En la oscuridad te llamé,

todo era silencio

y una brisa que se llevaba la cortina.

En el cielo apagado

una estrella ardía,

una estrella partía,

una estrella moría.”

PD: Os recomiendo su libro “Nuevo nacimiento” y que vayáis a ver “La librería”, o mejor, que nos perdamos y nos encontremos en una!

 

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