Sobre #Metoo y el color rosa

11
Mar

Ilustración de Emily Dickinson realizada por Paula Bonet

Este pasado jueves día 8 vivimos en todo el Estado español un hito histórico, una huelga feminista. Fue un día histórico porque demostramos que las feministas no somos cuatro histéricas  (histeria viene de útero) que queremos castrar a los hombres, sino que es un movimiento muchísimo mayor. En esta era digital salimos a la calle para expresar nuestra opinión y hermandad, y esto ha irritado a muchos. Muchos otros se han apuntado al carro, pero no somos tontas, y a los oportunistas los olemos desde lejos. También hubo mujeres que decidieron no secundar la huelga por ideología, y están en todo su derecho. Otras no pudieron por motivos laborales y las que sí estábamos gritamos por ellas.

Como siempre, después de un movimiento de gran magnitud salen voces apostillando cómo se tenían que haber hecho las cosas, todas las injusticias que también cometemos las mujeres y que “tampoco es para tanto”. Está bien, todo es mejorable, y el camino se hace al andar. Yo misma fui muy crítica con esa especie de performance colectiva de las actrices vistiéndose de negro en los Golden Globes. ¿De negro? ¿En serio? Pero si siempre van de negro. Me pareció una protesta demasiado tibia para ser tomada en serio. Algo realmente subversivo habría sido no llevar tacones, o ir descalza como Julia Roberts en el Festival de Cannes, por ejemplo. Y asociar el color negro a la lucha feminista me parece una asociación peligrosa. Hay otra campaña, la de “Espacio libre de violencia machista”, que también se basa en el negro. Todas esas imágenes de mujeres maltratadas, llorando con moratones en los ojos, y esos triángulos negros lo único que hacen es perpetuar el estereotipo. ¿Para cuándo una mujer defendiéndose? ¿Por qué cuando una mujer es reiteradamente amenazada y atacada no se le da un arma (no hablo de pistolas en plan yanqui) para que se defienda? ¿Os parece demasiado subversivo? Es evidente que llamar al Teléfono del Maltrato no funciona, algo habrá que hacer. Los funerales de Estado no nos interesan, lo que queremos seguir vivas. Ahí lo dejo para reflexionar.

El color del feminismo ha sido tradicionalmente el violeta. No se sabe muy bien de donde proviene, pero cuenta la leyenda y Nuria Varela en su libro “Feminismo para principiantes” que las trabajadoras de la empresa Cotton Textile Factory en New York (1908) se declararon en huelga para exigir igualdad salarial, disminución de la jornada laboral y un tiempo para poder dar pecho a sus hijos y el dueño, en plan majo, prendió fuego al edificio encerrándolas dentro, lo que provocó la muerte de todas ellas (129). (Parece que el mundo textil ha sido desde siempre femenino, y especialmente conflictivo en cuanto a derechos laborales. Ahora las mujeres han sido sustituidas por trabajadores, muchos niños, del llamado Tercer Mundo o también de los países emergentes. Otro día hablamos de este bonito eufemismo). Volviendo a las feministas, según dicen las mujeres estaban trabajando con telas de color violeta ese día, y violeta fue el humo que salió de la fábrica. Esto último a mí personalmente me cuesta un poco creerlo, pero bueno, esa es la leyenda. Si mil generaciones se han creído que la mujer viene de la costilla de Adán, también podemos creernos esto que es muchísimo más plausible.

Entonces, ¿cómo se convirtió el rosa en el color de las chicas? ¿Cuándo se empezaron a usar los colores rosa y azul como distintivos de género? Pues parece ser que los bebés siempre han tenido una vestimenta neutral, ya que a principios de siglo se usaba el color blanco, sobre todo por motivos prácticos: la ropa era de algodón y era más fácil de lavar y blanquear (recordemos que la lavadora es un invento reciente). ¿Entonces? ¿Cómo empezó todo? El color rosa se asocia al algodón de azúcar, al optimismo, a “verlo todo de color de rosa”, “la vie en rosa” para los franceses o “think pink” para los ingleses. Prensa rosa, novelas rosas, tanques rosas. No es un color de liderazgo, ni tampoco agresivo. Tampoco es el color favorito de los chicos. Quizá por eso, tras la Segunda Guerra Mundial, se invitó a las mujeres a volver a sus roles tradicionales y el color rosa se impuso como el “color femenino”. El lazo rosa también se ha impuesto en la lucha contra el cáncer de mama, del que podéis leer aquí un interesante y crítico artículo: “La violencia de la cultura rosa”

La verdad es que este tema da para muchos posts, y me he dejado mil cosas en el tintero, como los escándalos sexuales de Weinstein, pero ya habrá más días. ¡Buenas noches y buena suerte!

 

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